jueves 12 de noviembre de 2009

Estando sin estar

Quiero que la soledad se agarre fuerte a mi pecho y lo inunda de negro desgarrando así huellas pasadas.
Quiero que el silencio se aferre tanto a mis oídos que me haga sentir que vivo tan sola en este mundo que no tenga la necesidad de buscarlo, de buscarte, de buscaros.
Quiero que mis manos tecleen rápido y sin pensar, para quitarme de encima tanta mierda que me ahoga.
Quiero dormir y dormir y dormir, dejando pasar los días, dejando pasar la existencia que no pedí.
Quiero estar sola, completamente sola, para no sentir que a cada paso que doy la estoy jodiendo más y más y más.
Quiero desaparecer confundida entre la nada para que se note aún menos mi ausencia de lo que se notaría si ahora mismo lo hiciera.


miércoles 11 de noviembre de 2009

Llama muerta

"Going under" (Evanescence)

Tienes la llama de esa vela frente a ti.
Vela que has tratado con mimo pero también con halos de indiferencia.
Vela que has contemplado y olido pero de lejos, a centímetros de ella.

A esa vela le queda poca cera que derretir,
poca llama que pueda alumbrarte y sacarte de tu oscuridad,
ni siquiera puede alumbrarse a ella misma.

Tienes esa diminuta vela frente a ti.
Vela que observa como tus lágrimas van callendo de tus ojos.
Vela que observa con desazón tu autoimpuesta tristeza.

¿A qué esperas para acabar de apagarla?
¿Por qué esperas que ella misma muera?
¿Por qué has dejado que ella misma se consuma?

Esa vela durante mucho tiempo únicamente veló por ti.
Esa vela durante mucho tiempo únicamente esperó por ti.
Esa vela durante mucho tiempo únicamente pensaba en alumbrarte a ti.

La llama se apagó.
¿Seguirás comprando velas?

domingo 8 de noviembre de 2009

Con V de clítoris (IV)

Ahora que anochece,
ahora que el cielo se apaga,
ahora que el día se ha consumido
y que las nubes en tu cielo cada vez están más bajas,
dime:

¿A qué huele tu piel cuándo la lluvia la moja?
¿A qué saben tus besos cuando el café toca tu boca?
¿A qué sabe tu boca cuando tu sexo palpita y me desea?
¿Cómo suenan tus suspiros cuando tu mente me recuerda?
¿Cómo son tus lágrimas cuando el corazón te llora?
¿Cómo tocan tus manos cuando la excitación las supera?

Ahora que amanece,
ahora que el cielo brilla,
ahora que el día recién comienza
y que las nubes en tu cielo se han disipado,
dime:

¿Fuiste feliz anoche?


viernes 6 de noviembre de 2009

Shimamoto


Tal vez fuera demasiado serena y consciente para ellos. Es posible que algunos lo interpretaran como muestra de frialdad o de orgullo. Sin embargo, yo podía percibir algo cálido y vulnerable oculto tras esa fachada. Y ese algo, pese a ocultarse en su interior más recóndito, deseaba, igual que los niños pequeños cuando juegan al escondite, que alguien lo descubriera un día. Yo, a veces, vislumbraba de repente la sombra de ese algo en sus palabras, en su expresión...

Al sur de la frontera, al oeste del sol

(Haruki Murakami)

lunes 2 de noviembre de 2009

Sad autumn


Alguien le cortó horas al sol.
Alguien está provocando esta oscuridad a tempranas horas de la tarde.
Alguien está haciendo que los árboles dejen de tener hojas
y sobre las calles hayan pasarelas marrones y crujientes.
Alguien está haciendo que hoy sienta más frío que ayer,
probablemente menos que mañana.

¡Deténganlo!

Alguien me confundió con un árbol y el viento me arrastra arrancándome los brazos como si de ramas se tratara.
Alguien lo confundió con una rosa marchita, y lo está desvistiendo dejándolo helado e indefenso como si de sus pétalos se tratara.

¡Deténganlo!

Alguien está haciendo que todo se convierta en ruinas y desechos...


viernes 30 de octubre de 2009

Near past

Creo que perdí la cuenta de cuántas veces mi imaginación y mis recuerdos volvieron a mi etapa feliz; quizás, a mi única etapa feliz. Cuando se tienen tres, cuatro o cinco años, todo es bonito, todo es perfecto, todo es normal. Cuando se tienen seis, siete u ocho años, los amigos de verdad van llegando, se van uniendo, las risas empiezan a tener sentido, las tardes transcurren entre paseos y familia, entre amigas y portales, entre muñecas y cartitas de olor. A partir de los nueve, empieza el descubrimiento, el corazón bombea más fuerte, los pies te llevan cada vez más lejos y las tardes transcurren entre calles, parques y bancos... Podría aventurarme a decir que hasta los catorce años fui feliz. Podría aventurarme a decir que llevo once años dando palos de ciego en busca de una felicidad irreal, de una estabilidad efímera, de una independencia total, de un sentido de vida. Podría decir también que me gustaría volver a aquellos años felices, en los que mi padre me pedía que aprendiera a tocar la guitarra y yo con lo único que soñaba era con crecer rápido y veloz... Ilusa... Siempre fuiste ilusa.

Una vez en la cafetería del instituto donde servían las mejores baguettes vegetales que he probado en mi vida, surgió esta conversación con mi amigo César:

- ¿Cómo te ves dentro de diez años? (Me preguntó él. Por entonces éramos inocentes quinceañeros).
- Pues me veo de enfermera en un hospital, feliz con toda mi familia pero viviendo sola, con novio más o menos formal y con coche. (Respondí...)

Diez años más tarde, cuando ya tengo veinticinco, casi nada de eso se ha cumplido... Finalmente escogí la enseñanza porque mi nota de corte no daba para enfermería, con mi familia ando a medias, hay momentos de todo tipo, no están "todas" esas personas queridas que tenía con catorce, no tengo novio, ni formal ni informal y tengo carnet pero estoy sin coche... Después de todo esto podría decirme a mí misma: ¡Olé Carmen, te lo has currado!

Y lo peor de todo, es que cuando acabe de escribir estas líneas, seguiré con la misma apatía de siempre... Dicen que la tristeza es adictiva. Yo pienso que me tengo que desintoxicar de ella...

jueves 29 de octubre de 2009

Agonías

Me gustaría ser esa desconocida que pasea por las calles mirando a las sombras y a los rincones; enfundarme en mi abrigo rojo pasión, sombrearme los ojos de negro misterio y salir a la calle. Pero no a cualquier calle. A una calle también desconocida como yo. Pasear y dejarme llevar por el fuerte viento otoñal que sacude el aire. Ir a dónde nadie ha ido, encontrarme con caras diferentes, con bares diferentes, con estatuas diferentes.

Me gustaría mirar aquello que tú ahora mismo estás mirando y después mirarte a ti. Mirar esos intensos ojos y perderme en ellos, en su profundidad, en su dureza, en su letargo. Ir mirándote poco a poco hasta cerrar los ojos cuando me diese cuenta de que mis labios han rozado los tuyos y que llega el momento de besarte…

Me gustaría volver a salir a la calle después de todo eso para volver a perderme sola. Sola… Para no sentir que estoy sola rodeada de gente, sino sentir una nueva soledad, la auténtica soledad. Y mientras paseo con lágrimas en los ojos poder escuchar tu música, esa que me recuerda tanto a ti, esa que sonaba mientras tus manos acariciaban las mías, esa que suena mientras escribo todo esto y pienso otro tanto de infinidad de cosas que no escribiré porque como ya sabes, soy una puta cobarde. Esa cobarde e ignorante que tiene miedo a vivir, que tiene miedo a sentir, y que únicamente vive soñando e imaginando entre sus mismas cuatro paredes.

Me gustaría gritarte, llorarte, que te echo terriblemente de menos y que mientras tú vives allí, yo voy muriendo aquí. Poco a poco, lentamente, agónicamente.