No sé cuánto tiempo será; pueden ser días, semanas, meses,... No lo sé.
Un abrazo a todos, y cuídense mucho. India.


2 de abril de 2008
Los momentos felices duran poco, o eso he pensado siempre. La alegría no nos deja ver más allá que el motivo de la dicha y el tiempo pasa a ser como un adorno más en nuestra vida que transcurre raudo y veloz. Sin embargo, ¡bufff, cuánto duran los momentos amargos! Estos días Mario ha empeorado, apenas sale de la cama para comer y ducharse... Parece haber envejecido años en pocos días... Está mucho más delgado que antes. Sus huesos son ahora los que me abrazan durante la noche, apenas tiene masa muscular, casi nunca tiene apetito y las pocas veces que lo tiene es comer y a los pocos minutos vomitarlo... Estos días la cama ha sido nuestro refugio, el estar mirándonos en silencio ha sido nuestro pasatiempo favorito junto con la lectura de este diario que escribo. Se lo di hace días para que lo fuera leyendo. Le ha encantado. Ha sonreído mucho mientras ha leído los principios cuando me iba a la cama cada vez que él ponía O Faros, nuestras conversaciones el primer día de la desaparición del "supuesto" pendiente... Cada vez que sonreía salía el sol para mí. Apenas hemos salido a la calle desde que vivimos juntos. Él ha sido mi mundo durante estas semanas, él ha sido todo aquello que jamás he tenido y que jamás volveré a tener, porque como dije, el tiempo pasa raudo y veloz...
Ahora mientras escribo estas líneas, lo veo levantarse de la cama sin apenas fuerzas y venir hacia mí... Me acaba de dar mi grabadora con una de esas sonrisas suyas que tan feliz me hacen y me ha dicho que escuche lo que hay y que lo escriba también aquí. La grabación empieza a sonar:
"Hola Greta. He aprovechado estos minutos mientras te duchas para grabarte esto. No sé cuanto durará mi impaciencia para dártelo pero eso no importa, lo que importa es el mensaje que te quiero dejar. Escúchalo cada vez que te vengas abajo y quieras tirar la toalla. Nunca he sido buen consejero ni buen animador de masas pero sé como sacarte una sonrisa y eso espero conseguir tanto la primera vez que escuches esto como todas aquellas que lo necesites. Eres el tesoro que durante mis treinta y dos años siempre quise encontrar; de pequeño jugaba a ser pirata y hasta tenía mapas con cruces hechas en los posibles lugares donde pudiera estar escondida la riqueza pero jamás encontré ninguna... De joven también seguí buscando: en aquellos paquetes de patatas que había que rascar para que te dieran el premio, ¿lo recuerdas? Para mí salían las dos mismas palabras de siempre: "Sigue buscando"... Y eso hice, buscar y buscar hasta que te encontré detrás de la cortina. Detrás de esta cortina blanca que ahora cada noche nos observa mientras hacemos el amor. Eres el tesoro que todo hombre quisiera tener a su lado: generosa, atenta, caritativa, solidaria, fogosa, tierna, cariñosa... ¿Que más quieres ser, niña? ¡Si ya todos los adjetivos buenos los cumples...! Jamás vuelvas a pensar que ningún hombre te quiso, porque yo te amé antes de conocerte, te amo hoy día mientras veo tu delicada silueta moverse en la ducha y te amaré los días que me queden junto a ti y aquel otro tiempo que me espere allá donde sea. Vales. Vales mucho corazón. Sigue viviendo después de mí porque yo no soy tu vida, tú tienes la tuya propia y has de vivirla como mejor puedas... Disfruta de todos tus días, tanto por tí porque para eso son tuyos como por mí, que no he tenido la dicha de poder vivirlos. Recuerda que eres lo más bonito que me ha pasado en la vida y que ya por eso, mereces ser feliz. Te amo Greta".
Vale por hoy. Esta noche volveré a amarte.

- "¿Lo encontraste?"
- "No, pero no importa, tengo más. Hasta luego y gracias".
- "No hay de qué".
Según la excusa, acababa de perder un pendiente, sin embargo, mi rostro sonreía de satisfación y gozo. Debió pensar que era gilipollas o que me había fumado uno de esos cigarros de la alegría... Pero me importa un comino lo que piense. Mario volvió y esa noche volvió a sonar O Faros. En realidad no me importa un comino, sí que me importa y mucho, la prueba está en que el otro día en vez de dirigir mis palabras al diario como siempre, le escribía a él directamente, como si él mismo me estuviera leyendo... Me voy a volver loca. Quiero tenerle frente a mí, mirarle a los ojos, verlo sonreír, sentir sus manos tocándome y dejarme llevar hasta el punto de perderme en su cuerpo.


Mario, el vecino, ya ha puesto la melodía "O Faros", así que es hora de irse a dormir... Es la única canción que consigue dormirme, y él ni siquiera lo sabe.


¿Cómo estás? ¿Te va mejor que a mí? Espero que no, así podré tener algo de consuelo. Tengo que contarte tantas cosas, tantas derrotas que he tenido en mi vida que no tendría lugar en este mugriento folio que me han ofrecido para escribirte. Si me vieras no me reconocerías, no identificarías esos ojos que eran tu perdición hace años; ahora están hundidos, sin brillo y con ojeras típicas de una yonki que aún no se ha metido su primer chute del día.
No sé aún cómo tengo el valor de escribirte después de todo lo que te he fallado, después de haber roto mil y una veces tus ilusas esperanzas siempre puestas en mí, siempre atentas y seguras. A pesar de todo, siempre reconocí mis propios errores, cosa que tú jamás supiste hacer. Sé porqué no me escribes, sé porque no he recibido una carta tuya en estos putos cuatro años que llevo encerrada aquí... Te da miedo, miedo de enfrentarte a tu propio destino, miedo a enfrentarte a esta vida desolada y carcelaria que tú iniciaste un dos de enero.
No me da más este pedazo de papel para escribirte. Raro es que no me hayan dado un trozo de papel higiénico para hacerlo, con lo amables que son aquí. Siempre me dijiste que por muy mal que fueran las cosas que nunca perdiera el sentido del humor, ¿verdad? Pues eso hago, siempre haciéndote caso, a pesar de todo...
"La prisionera" (Francisco de Goya)